
Mi trabajo
Todas las mañanas, nuestras pupilas danzan risueñas entre las letras y recorren un sinfín de páginas en busca de palabras despeinadas, comas indecisas y tildes chillonas.
Todas las mañanas, nuestros dedos bailan al ritmo del teclado siguiendo los susurros de la musa y creando, sin darse cuenta, la alegre cadencia de la amistad y de los sueños cumplidos.
Todas las mañanas, nuestras voces obran un auténtico milagro: hacen que los conceptos abandonen el etéreo mundo del pensamiento, cobren forma y respiren libres por un momento para finalmente quedar atrapados en la eternidad de una ópera anónima.
Y así, mañana a mañana, mientras escuchamos la suave música de los días, y los minutos transcurren serenamente como un río entre puntos y comas, risas y penas, escribimos, sin saberlo, la genial partitura de nuestras vidas.
